"Anora", ¿una crítica a las oligarquías y nepobabys que cosifican a las mujeres?

"Anora", dirigida por el cineasta independiente Sean Baker contiene una serie de elementos que la convierten en una propuesta más profunda.

Cinetiketas | Jaime López


En apariencia, "Anora", la más reciente ganadora de cinco premios Oscar, tiene como punto de partida una convencional historia de amor, que algunas voces definen como una versión moderna de "Mujer bonita", la obra que en los años noventa lanzó al estrellato a Julia Roberts.

Sin embargo, el filme dirigido por el cineasta independiente Sean Baker contiene una serie de elementos que la convierten en una propuesta más profunda.

Para empezar, no recurre a figuras conocidas de Hollywood con la finalidad de tener una mejor corrida comercial o más ingresos en taquilla. Al contrario, el realizador se mantiene fiel a su estilo, pues continúa echando mano de artistas emergentes que le brindan más naturalidad a sus historias.

Por otro lado, su protagonista, Mikey Madison, quien da vida a una stripper de la que poco se sabe, es uno de los casting más acertados en los años más recientes de la industria fílmica estadounidense.

Ello debido a que la actriz muestra distintas facetas y emociones a lo largo de la película, lo cual confirma su talento nato para tejer personajes complejos y llenos de matices.

Su "Anora" pasa de ser la joven dura y aparentemente "cool" que medio mundo admira o quiere conocer a un ente sensible que no está de acuerdo en ser invisibilizada, sobre todo, por dedicarse al trabajo sexual.

Es en ese último rubro en donde la película de Baker tiene una sutil crítica a la clase acomodada o la oligarquía, que en este caso es representada por el chico migrante ruso, hijo de una familia adinerada, con el que se ilusiona la estelar.

El "nepobaby" o "junior" europeo, muy bien interpretado por Mark Eidelstein, es el epítome de los egoístas y superficiales hombres que solo perciben a las mujeres como objetos o entes para satisfacer sus placeres sexuales.

Sin apartarse de la vis cómica que ha caracterizado su cine, Baker también erige un señalamiento sumamente inteligente contra la sociedad machista que menosprecia a los sectores vulnerables como las trabajadoras sexuales.

Y es que en su historia, "Anora" nunca es tratada como igual por casi ninguno de los personajes con los que se cruza en su camino, empezando por su interés romántico, "Vanya", quien sólo la instrumentaliza para no aburrirse.

De ahí le siguen los trabajadores al servicio de los padres de "Vanya", un sacerdote y un guardaespaldas armenios, que se la pasan insultando y estigmatizando a la protagonista por su oficio.

Solamente se salva "Igor" (Yura Borisov), un supuesto "porro" contratado para retener a la protagonista debido a que sus jefes no están de acuerdo en que se haya casado repentinamente con el ya mencionado junior ruso.



(Alerta de spoiler)
Poco a poco, el "porro" en cuestión va mostrando que es el único verdaderamente interesado en conocer a la persona que está detrás de esa coraza que se hace llamar a sí misma como "Ani".

Y es el único que trata de respetar su dignidad como ser humano, que ve en "Anora" a una mujer luchando por ser escuchada y vista en un mundo plagado de superficialidad y viejos rancios.

Así que el filme ganador de Sean Baker no es una convencional historia del Hollywood como "Mujer bonita", que acabó romantizando y siendo indulgente con la clase empresarial. "Anora" merece ser vista por transformar elementos clásicos del séptimo arte en un potente discurso en favor no solo de las trabajadoras sexuales, sino de las mujeres y las clases sociales menospreciadas.

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